El peso de los sueños
Agosto 27, 2007
A Werner Herzog se le había metido en la cabeza que en ese proyecto se le iba su vida. Se había obsesionado con filmar Fitzcarraldo (la historia de un tipo que quiere instalar una ópera en medio de la selva) en medio de la selva amazonica peruana cerca de la frontera con Ecuador, y estamos hablando del año 1978. Decía que su película era “un desafío a lo imposible“. Y así fué.
El Werner no era de dar el brazo a torcer y tuvo que enfrentarse con innumerables contratiempos (inclemencias de la naturaleza, enfermos, muertos y heridos, luchas internas) que lo llevaron a permanecer con su crew en medio de la selva durante casi 4 años.
Entre otros problemas, tuvo que enfrentarse con el rechazo a priori de todas las comunidades aborígenes que conformaban la región. Si bien la mayoria de los habitantes fueron utilizados como mano de obra y actores (y se les pagaba y bien) todo esto creaba un gran caos entre ellos.
Imagínense: para los indígenas habrá sido una suerte de invasión ver llegar a todos esos alemanes con aparatos extraños que venían a instalarse en medio de sus comunidades. De hecho en un principio se les acusó de contrabando de armas, genocidio y otro montón de falsas injurias que jugaban en su contra.
Luego de la preproducción que les llevó casi un año, comienzan a rodar el film en el poblado de Iquitos como locación central.
Con el 40% de la película ya rodada, al actor principal (Jason Robards) le agarra una enfermedad desconocida y se lo llevan para internarlo y por orden del médico se ve obligado a abandonar el rodaje.
Herzog no pierde su entereza y se toma su tiempo para buscar un reemplazo. En este entretiempo uno de los coprotagonistas (nada más y nada menos que Mick Jagger) al verse el rodaje retrasado se le superpone con la grabación del disco Tattoo You y tiene también que abandonar la película. El protagonista es reemplazado finalmente por Klaus Kinski (actor fetiche y emblemático en esta etapa de la carrera de Herzog) y de Jagger dice el director que “era irreemplazable, así que decidí directamente quitar al personaje del guión. Fué la pérdida más significante en mi carrera como director“. A todo esto algunos auspiciantes abandonan también el proyecto debido a los tiempos inmanejables de la producción.

La metáfora central de la película es aquella en la que los muchachos deben arrastrar un barco cerro arriba. Para esto Herzog hace traer a un ingeniero especialista de Brasil, quien abandona inmediatamente -válgame la metáfora- el barco diciendo que según él tienen solo un 30% de probabilidades de que lograrlo con éxito. El único sistema posible, diseñado especialmente con cables, poleas y un bulldozer, era altamente riesgoso pues no podía hacerse con máquinas y una falla podía matar a tres o a veinte de una sola vez.
Pero nuestro querido Werner se tiene fe y contrata a una compañía de ingenieros de Lima, Peru y luego de varios intentos y fracasos y algunas vidas perdidas y algún que otro herido, logran subirlo y completar el film a finales de 1981.
Pero lo que más me dejó rebotando de este increíble documental acerca de la filmación de Fitzcarraldo titulado “Burden of dreams” (algo así como “El peso de los sueños”) realizado por Les Blanc -y que posee una fotografía digna del mejor documental de Nat Geo- son las palabras con las que Herzog se refiere al efecto que la selva va produciendo en él y en sus compañeros:
“Por supuesto estamos desafiando la naturaleza y ella nos devuelve los golpes. Sólo se defiende, eso es todo. Y eso es lo grandioso. Tenemos que aceptar que es mucho mas fuerte que nosotros.
Kinski siempre dice que está llena de elementos eróticos. Yo no la veo tan erótica sino más bien llena de obscenidad. La naturaleza aquí es vil e infame, no podría verle nada erótico, sólo podría ver fornicación y asfixia y lucha por sobrevivir…crecer…y finalmente pudrirse.
Por supuesto hay mucha miseria, pero es la misma miseria que nos rodea. Los árboles son miserables, los pájaros son miserables. Yo no creo que ellos canten sino que se quejan de dolor.
Es como un país no terminado, es aún prehistórico, lo único que le falta son los dinosaurios. Es como una maldición que pesa sobre todo el paisaje, y cualquiera que se adentre en esto se lleva su parte de maldición, así que estamos malditos haciendo lo que estamos haciendo.
Es la tierra que dios, si es que dios existe, ha creado con cólera. Es la única tierra en donde la creación está aún inconclusa.
Viéndolo mas de creca existe en lo que nos rodea un tipo de armonía, es la armonía del arrollador asesinato colectivo.
Y nosotros, en comparación a la vileza articulada, a la infamia y a la obscenidad de toda esta selva, sólo nos parecemos y sonamos a las frases mal pronunciadas y a medio acabar de una estúpida y suburbana novela barata, y tenemos que hacernos humildes frente a la aplastante miseria, la aplastante fornicación, el aplastante crecimiento y la aplastante falta de orden. Hasta las estrellas arriba en el cielo parecen un caos.
No hay armonía en el universo, tenemos que hacernos a la idea de que no hay real armonía como la hemos concebido.
Pero cuando digo esto, lo digo lleno de admiración por la selva. No quiero decir que la odie, sino que la amo, y la amo mucho.
Pero la amo en contra de lo que me aconseja mi juicio.”
El vendedor de hierbas
Agosto 23, 2007
Del mundo antiguo podemos ver que solo han quedado en pie algunas arquitecturas y el arte, las vestimentas, las comidas típicas y porsupuesto, algunas (buenas y malas) costumbres.
Luego todo es un conglomerado plástico envuelto en más plástico y tanto en Beijing como en Los Angeles o Lima o Buenos Aires lo que se vé siempre es lo mismo, la occidentalización falaz de la nada atirrobada y expuesta a la mentira de un mundo que de tan moderno ya se volvió retrógrado.
Desde la antigua Cuenca colonial en Ecuador, un vendedor callejero de brebajes medicinales nos alienta a seguir creyendo que la esencia de las cosas aún sigue viva.
Cada día que pasa aprendo algo nuevo de mí
Agosto 20, 2007
Dios mío
Agosto 14, 2007
La creación nos depara sorpresas a cada instante.
Cuando creemos que la evolución se ha detenido, ahí el señor nos sorprende con nuevas criaturas jamás imaginadas, seres que Él ha creado y llevan su copyright: Dios inc., El Señor ©, My God productions, etc.
Primero fué este señor que me hizo reir solo (aún lo sigo viendo y se me escapa…una carcajada).
Luego fueron las publicidades de Adsense de Lázaro Vuelto (en las que les propongo hacer clic cada vez que la visiten para ustedes divertirse y nosotros cobrar billete) que mediante obra divina entre soluciones a los síntomas climatéricos y encuentros de pareja nos propone contarnos todo lo que este muchacho El Cristo puede hacer por nosotros.
Pero hoy gracias a Luc encontré un verdadero Nuevo Niño, un auténtico Monstruo poseido por lo peor de la nueva raza celestial que el señor de barba nos envía para recordarlo.
Señoras y señores, con ustedes: el niño predicador.
De vuelta
Agosto 9, 2007
Las calles de centroamérica tienen ese no se qué…
Olor a pupusa es poco decir pero qué bellas morenazas, cuánta gracia suelta, cuánta falda nativa.
Éramos los viajantes del rock, un grupete de traficantes de alegrías que nos creíamos dueños de la felicidad eterna, creyendo a ciegas que esta sí existía y que el Don nos había sido dado.
Siestas de hamacas y cangrejos, melones con aguardiente y ceviches de corvina y boquerones, noches innobles para con nuestra salud (paradoja irrefutable: más mal sentaba bien!).
Lo que queríamos era para siempre lo mismo y ya nunca más regresar del país de la maravilla rockera. Sentir infinitas veces ese sencillo vértigo de tobogán.
Ascensos y descensos: la humanidad construye ciudades allí adonde le toca, allí donde puede y como pueda.
Y casi nunca era tarde ni temprano para casi nada, casi siempre los días los olvidábamos y sólo nos quedaba la esencia, lo bueno y lo fuerte, los mejores sabores, las dulces despedidas.
Letreros apabullantes. “Se vende morocho con empanadas”, “Hospital de calzado”, “Prohibido entrar con zapatillas y armas”.
De gira por la espina dorsal de nuestra américa, elevados por sobre las nubes a velocidades caracolentas, sabiendo que el paso del tiempo se detiene más al reir que al dormir.
Querer volver es una forma simple de decirlo.
Pero queriendo y escribiendo siempre se vuelve
Hecho queso.
Agosto 5, 2007
Se me tilda por la cantidad de virus. Es como jugar al ludo con rodajas de salamín.
Imposible.
De todos modos yo le doy masa: Una caña voladora nunca se arrepiente de haberse quemado en pos de la felicidad de volar y estallar en mil pedazos.
Vea usted las veces que nos hemos prendido fuego viajando lejos y sin llegar a ningún lado.
Combustión que palabra peligrosa pero de todos modos que buenas noches nos ha dado, interminables explosiones de continuo en bares sinsentido, con amigos que no sólo fueron los mejores sino que sólo lo fueron por esa vez, tragos bendecidos por las manos mágicas de San Chinaski que nos han dejado con los ojos hacia adentro y no nos quedó más remedio que mirar nuestros interiores.
Aquel querido poema de Menassa:
“Soy lo que vuela.
Encadenadme y seré lo encadenado que vuela.
Matadme y seré lo encadenado muerto que vuela.”
Aquel de nuestro Querido Salmón:
“Somos resultado de la sangre y espuma
de las ganas contenidas de garchar
de nuestros anteriores.”
Ya veo: voy a tener que salir por la de emergencia otra vez. Como si no hubiera sido suficiente tanto alboroto tanto espasmo pasmado tanta cosa suelta suelta que ahora encima tenemos que andar levantando la bandera de las buenas gracias para salir favorecidos con el número número cero.
Tomá.
Chocha
Agosto 3, 2007
Se moría mi abuela.
Le quedaban dos días de vida pero ella no lo sabía (ni yo tampoco).
Yo la fuí a visitar y apenas la vi, la vi: la veía en sus ojos ya con poco brillo a la parca que a todos nos deja con las ganas.
Pero ella no lo sabía. Bah, pienso yo que no lo sabía.
Igual se sonreía y alcanzaba a balbucear algunas palabras.
La habían internado la madrugada anterior.
Cuando me vio se puso contenta. Se alegró de verme.
Y entonces me preguntó:
“Querido, ¿que es lo que tengo?”.
“No se sabe le dije, pero nada grave”
“¿Y cuánto tiempo voy a estar acá?”
“No sé, uno o dos días”.
“Ahh, yo pensé que era para toda la vida“.
Tenia 92 años.

















