Escalera al suelo.

Enero 22, 2008

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Derrotado por mi propia caída, aberrante traspié que en patineta se desliza imperturbable por la capa aceitosa sin fín de mi desvarío có(s)mico.

Vuelvo a pegar la vuelta de vuelta devuelta y aparatoso migajerío sucede sin ton ni son ni son ni ton.

Subo debajo de la subsuela aérea y a la fuerza me desvelo para cerrarle los ojos a los pocos bríos desastrados que me dejan de a poquito.

Arriba gritan abajo.

tacho

Vengo de lo alto.
Allí el pan es pan y la tierra es tierra.
Todo convoca.
Antiguos habitantes saludan a cada paso sin importarles nuestros más oscuros pensamientos: ellos se han quedado allí para recordarnos que lo puro aún existe.
Y en lo alto hay más: el aire es aire, el agua agua y el silencio aturde. No hay sonido más violento que el grito infinito del silencio diciéndonos: búsquenme, estoy allí adonde la señal de tu celular no llega, estoy allí adonde el sol y la basura se convierten en energía pura y el arte de reciclar no es una página web, estoy allí desde que nació la nada y el todo, y allí seguiré cuando todo vuelva a ser nada.
Y en lo alto siempre se aprende algo que no se deja ser dicho por palabra alguna. La lección de lo infinito rutilante. La lección del paraíso salvaje.
Acá en lo bajo ya no se puede. Ya no hay con qué. De aquí en más será todo inexacto. No volveré sino para irme de cacería de mí mismo, la búsqueda del halcón infinito, la lagartija veloz.
Brazos en alto y a retomar el sendero.
No queda nada sino el fuego.

Cardón magic