Sentí: se diferencian bien de otras bandas. Siempre te dejan algo.
Así lo siento yo, que he visto mucho y los he visto muchas veces.
Como unos Beatles mexicanos, popes del pop, cuasi punks cuando es necesario, voladores, románticos, desprejuiciados. Al menos su música lo es.

Sus letras nos dan algo que tanto está en falta en la música del mundo en general: simpleza y profundidad (y ambas de la mano!)

Pueden describirnos cómo es quedar atrapado cuatro meses en el subte o una vista a la plaza desde la ventana de un departamento un sábado al mediodía.

Al menos dos de las mejores canciones de amor latinas les pertenecen:

Eres cuando despierto lo primero, eso eres,
lo que a mi vida le hace falta si no vienes,
lo único, preciosa, que mi mente habita hoy.
Qué mas puedo decirte, tal vez puedo mentirte sin razón,
pero lo que hoy siento es que sin ti estoy muerto,
pues eres lo que mas quiero en este mundo, eso eres.

(”Eres”)

Portada Café tACUBA

No me hubieras dejado esa noche
porque esa misma noche encontré un amor.
Mas ahora que recuerdas
a mis brazos vuelve ya

seré por siempre tu amante
tu novia: la soledad.

(”Esa noche”)

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Transmiten profundo: con sus letras y su música, su actitud y escena. Estamos carentes de sutilezas y purismo, de autenticidad y corazón pero ellos nos devuelven todo eso y mucho más:

Antes yo creía,
En el imperio de la cabeza
No era yo era la cabeza
Quien dictaba esa razón
No hay razón de obedecer

Si ni siquiera estoy en el cuerpo
Que responde al nombre

Que otra mente inventó.

(”Soy o estoy”)

Sino

Así estoy mejor
ese sin renombre
solo soy este hombre
que espera a que
empiece la función para ser….

Alguien mas que yo
sin nada que perder
un día lo perdí todo y lo recuperé
y podría volver a hacerlo
una y otra vez
con tal de seguir siendo…

(”Seguir siendo”)

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Como un enteógeno omnipresente, estos muchachos en el escenario (y sueño con que en la vida diaria también) derriban la muralla pedorra del ego, subliman la sencillez candente de estar ahí haciendo música por el sino que les ha tocado, sin manierismos, sin afectaciones en donde hasta lo extravagante resulta natural.

Cuando no deseo nada, tengo todo.
Cuando no deseo nada, tengo más.

Lo mío no es mío si sólo es mío,
lo mío no es mío si sólo es mío.

Si busco en el todo, encuentro el sino…
Liberar y disolver mi yo en el vacío…

(”Tengo todo”)

Los cafeta en cuatro caminos

¿Cuántas cosas más puedo guardar?
¿Cuántas cosas puedo atesorar?
Dulce tentación de dejarlo todo

¿Cuánto espacio más quiero ocupar?
(hasta los recuerdos ya no caben en este lugar)
¿Cuántas cosas me puedo llevar?
(La última mudanza debe ser la más ligera)
dulce tentación de dejarlo todo
dulce tentación…. regalarlo todo.

(”Volver a comenzar”)

¿Quiénes otros podrían invitar al escenario a bailar a las chicas (y que éste se inunde de féminas) sin hacer un despliegue de machismo y baba, esa cosa tan argenta?

Chicas banda

Su avalancha de éxitos no descansa: podemos oir mil veces Ingrata, Las flores, El baile y el salón, Ojalá que llueva café, Cómo te extraño (querés hits? Tomá hits!) y en cada tocada seguir disfrutándolos como si fuera la primera vez, porque ellos TRANSMITEN y no REPITEN.

“¿Cuál será la fórmula?” (¿La habrá?) quiere uno saber a veces. “¿Cómo se gesta esa magia natural?”
Quizás la mejor respuesta sea la descripción que ellos mismos hacen con absoluta franqueza y simplicidad:

Desde un remoto lugar
desde otra generación
Una forma de pensar
fuimos tan solo una opción
Mucha inocencia
Un poco de paciencia
Eterno prueba y error.

(”Y es que”)

Para la eternidad que venga después de esta vida, como banda sonora me gustaría volver a oir de vez en cuando ese arrullo que dice:

De pronto me encontré viajando a gran velocidad
la atmósfera crucé, y dejé de sentir la gravedad
en instantes me perdí entre tanto astro fugáz.

Entonces comencé a estallar
todo mi cuerpo era una explosión
luces y carbones brotaban de mí.

Por un momento me olvide de mí
y por un largo rato sentí calor
y todo se iluminó…

Y estaba acostado mirando el espacio exterior

y estaba pensando en lo diminuto que era yo…

(”Espacio”)

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Las ilustraciones pertenecen a:

portada CAFE TACUBA by benyhibridos
http://benyhibridos.deviantart.com/gallery/

Sino by *LaXoch
http://laxoch.deviantart.com/gallery/

Los Cafeta en 4 Caminos by ~Stockerk
http://stockerk.deviantart.com/gallery/

Tres de oro

Febrero 15, 2008

tres-de-oro.jpg

Algo ha sido desviado de su rumbo.

El olvido ha pergeñado

una más
de sus falsas
promesas
———esas

que se vuelven imprescindibles de repente

y luego

mamma mía…

Barras de colores

Febrero 11, 2008

barras de colores

Fué una frase tirada en medio del delirio vacacional, una de esas noches de borracheras, o drogas blandas, o algún sinsentido existencial, o algo de todo eso o todo eso junto.

“No, nada, barras de colores”

Estábamos de gira por Villa Gesell con La Chilinga, cuando La Chilinga éramos 30 desencajados y no aún una escuela de percusión.
Caminábamos por la avenida costanera y se me ocurrió contar alguna cosa vacía de contenido, pero como si ésta fuera fundamental para la vida misma.

Y entonces dije:
“La otra noche estaba haciendo zapping y de pronto en el canal 5 había barras de colores”.
Alguno se rió, otro se hizo el sorprendido, alguna preguntó:
“¿Pero que era?”
Yo: ¡Barras de colores!
Alguna: ¿Pero había sonido?
Yo: ¡No!¡Barras de colores!
Alguna: ¿Pero no se oía nada, sólo eso se veía, o era la señal de ajuste?
Yo: ¡No!¡Barras de colores!
Todos: ¡Pero algo más tenía que haber!
Yo: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!

Silencio.
Eso tenía ritmo.

Yo: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Ellos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Yo: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Ellos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Todos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!

(”Barras de colores” debe pronunciarse con la misma cadencia rítmico-musical de “Dánica dorada”)

Todos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!

Fué un mantra. Un bálsamo para mi malestar general. Dirigir a 20 energúmenos colgados con sus tambores colgados durante 15 días no me resultaba cosa fácil.

“¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!” se convirtió en rezo y muletilla.
Comenzamos a usarlo en medio de los toques. A la cuenta de cuatro los tambores hacían un silencio de cuatro tiempos y todos vociferaban: “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!” como un exorcismo, como un vómito apasionado que simbolizaba la esquizofrenia colectiva que día a día nos dominaba y encantaba.

La imagen era bonita: La nada. Y barras de colores.

Recuerdo de a 10, 15, 20, 5 caminando por la playa, las calles, los bares y boliches gritando exaltados: “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!”

En el tumulto de la casa (éramos entre 15 y 20 en una casa, gran hermano en el que todos fuimos ganadores) ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!” se mezclaba con el diario suicidio de las actividades rutinarias: no había horas precisas, había algunas reglas pero la gracia era no obedecerlas, no había sentido mayor que el de sentirse huérfano de prejuicios y dios de cada momento.
El problema era que éramos 20 dioses de cada momento.
Un panteón de animales amaestrados haciendo orgías en la veterinaria. Un zoológico de Cutini con Cutini atado adentro de una jaula.

“¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!”

El tiempo pasó y la frase perdió sentido, así como pierden sentido aquellas cosas que tienen la fuerza de mil tractores hasta que los tractores funden biela (no sé si un tractor tiene biela, ni siquiera estoy seguro de qué cosa es una biela, pero la imágen se entiende).
El tiempo también hace esas cosas.

Muy de vez en cuando, alguno de nosotros en algún encuentro, alguna fiesta, alguna reunión, con picardía cómplice lanza un “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!”.

Por suerte siempre hay alguno que recuerda y sonríe.

Plaia