Alguien dijo que en la cartera de una mujer podría llegar a esconderse el secreto de la creación. Yo creo que mucho más que eso, y de lo que fuí testigo una vez de niño merece ser contado.

Toda la familia reunida en una cantina del barrio de La Boca, una mesa con más de 20 personas festejando el cumpleaños de mi tía abuela. La cantina llena: ruido de platos, gritos de niños, sillas arrastradas, conversaciones tan entrecruzadas que generan lenguajes incomprensibles.

Y de pronto se corta la luz.

Se hace el silencio, algún niño llora, alguna voz propone calma es sólo un corte de luz. No pasan más que unos pocos segundos y mi abuela Raquel, una señora de su pueblo santafecino, una dama de otra época, sin decir una palabra, abre su cartera y saca de adentro

UN PAQUETE DE VELAS.

Ese día comprendí para siempre que las carteras de las mujeres contienen la verdad y la mentira, el misterio de la vida y la eternidad, la respuesta a todas las preguntas. Pueden ser la caja de Pandora o un regalo de dios. Muchas veces no me atrevo a abrirlas por miedo a encontrar mi propio fin dentro de alguna de ellas, aunque estoy seguro de que muy pronto en alguna encontraré la revelación que tan ansiadamente vengo buscando desde hace ya tiempo.

Puntería

Febrero 8, 2009

Tengo buena puntería. No quiero agrandarme en demasía porque ya va a venir alguno a decirme:  a ver embocá esto acá o allá. Por supuesto que nadie es perfecto. Pero tengo MUY buena puntería.

Por la calle arrojo los papelitos a la boca de los tachos de basura naranjas desde la otra cara de la vereda; generalmente la parábola a trazar no es fácil pero casi siempre salgo airoso.

Con los dardos me asombro a mí mismo porque suelo hacer centro en el primer tiro, pero mi problema es un problema psicológico: me boicoteo a la perfección apenas mi logro se concreta. Es por esto que en general a partir del segundo tiro fallo, y el espectador piensa que fue solo un rapto de buena suerte. No es así: más tarde puedo concretar nuevamente mi hazaña y sorprender a cualquiera siempre que no haya ningún tipo de presión.

De chiquito era un astro en el sapo, y con el fútbol mis problemas son dos: la falta de práctica y la falta de potencia. Pero rara vez le yerro a un tiro al arco.

Y hablando de tiro al arco: con el arco y la flecha también he hecho de las mías, me animaría a desafiar a Robin Hood y a Legolas. Pienso que debería incursionar en la práctica del tiro al arco con algún maestro zen: no dudo que podría llegar a lograrlo aún con los ojos vendados.

Hace muchos años les ganaba a todos mis familiares al golfito. Yo era tan solo un niño y dejaba a todos boquiabiertos.

Al Basketball no sé jugar, pero puedo hacer triples desde la posición de tiro libre sin problemas…

Y ahora que mi vida está cambiando, he abandonado viejas costumbres y las he renovado por otras nuevas. Mis límites se han reseteado y muchas veces me encuentro buscando el lugar correcto adonde embocar una vez más el tiro casi perfecto que me devuelva mi estabilidad emocional y mis movimientos concretos. Necesito estilo, inspiración, quizás medir y reformular algunos de mis objetivos.

Estoy pensando seriamente en practicar Golf.