Un día especial
Agosto 20, 2009
Yo tenía 8 ó 9 años.
Era un día especial porque estrenaba una pantalón blanco que hacía tiempo que quería y finalmente me lo habían comprado. Para hacer juego me puse una remerita de manga larga blanca también. Pecaba un poco de look heladero, pero eso lo pienso ahora: en ese momento me sentía un dandy impecable.
Ese día también fué particular porque la vestimenta especial se debía a que íbamos de visita con mi mamá, su amiga y sus dos hijos (mis amigos) al entonces zoológico de Cutini en General Rodriguez.
Para los que no saben más de ese zoo que una vez un Oso mal alimentado le comió el brazo a un nene, no está demás decir que en aquella época en que Temaikèn no existía, el zoo de Cutini era una experiencia única para un niño de ciudad al poder ver a la mayoría de los animales sueltos y no encerrados en jaulas, cosa que siempre me deprimió.
Paseando por el zoo de pronto nos encontramos con un evento que me llamó especialmente la atención: el espectáculo de las focas. Fué la primera vez que veía en acción a estos seres torpes pero altamente inteligentes, y me puse de muy buen talante cuando para finalizar el espectáculo fuí invitado junto a otros niños a participar del “puente de Pompis”. Las “Pompis” eran las focas y el “puente” debería haber sido lo que yo imaginaba: se alineaban las focas al borde del estanque y nosotros caminábamos por encima.
Pero infinita fué mi sorpresa cuando al entrar al recinto, el mismísimo Jorge Cutini ordenó: “chicos, acuéstense en el piso uno bien pegadito al otro”. No me dió ni tiempo de dudar, cuando ya estaba recostado con mi flamante ropita blanca entre otros varios niños, con varías “Pompis” pasándome por encima, dejándome no solo mojado y levemente embarrado, sino con un olor a pescado que aún hoy puedo sentirlo impregnado en mis afectadas fosas nasales.
Mi siguiente recuerdo es: yo saliendo del recinto cabizbajo con una imposible cara de “qué bueno estuvo!” , entre confundido y enojado conmigo mismo por haber caido en la inocencia de creer que el que iba a caminar sobre un puente de animales, era yo.


