Eramos Tan Magos

En tiempos de maravilla y cuando nuestras noches eran únicas, la vida sino virgen aún sí pura y el espíritu intacto, aconteció un encuentro sin precedentes en la quinta de Moreno, sede en aquellos tiempos de poesía, tabaco, caminatas y drogas recreativas.

No éramos aquella noche más de diez, y luego de una ingestión -casi- colectiva de unos dragones que supe bien conseguir, el mambo altamente místico me reveló de pronto que yo era un mago, y que si quería, por ejemplo, podía dejar que un cigarrillo se consuma entre mis dedos hasta el fin del filtro sin quemarme.
Y se lo demostré a mis amigos. El cigarrillo se deshizo en brasa y humo y cenizas ante la mirada de algunos testigos que no estaban asombrados porque sabían que eso era posible, ser mago no era nada especial: era nomás serlo.

Pero no era el único, todos lo éramos.

Y estaba Alejandro, el nuevo, colado, sobrio, poeta y puto, bastante mayor que nosotros y con un carisma bien particular.

Había yo soñado hacía unas pocas noches que entraba en una iglesia y Cristo crucificado levantaba su cabeza siempre cabizbaja y me miraba a los ojos y me sonreía con mucha onda pero le faltaba un diente.
Y ese fué el sueño, pero fué muy vívido, amigable, revelador y secreto.

Pero Alejandro, en aquella noche de lisergia mítica, ante la mirada también de algunos testigos, me dice:
-Mirá.

Y se pone contra la pared, con los brazos abiertos en cruz, con la cabeza caída y lentamente la va subiendo y me mira a los ojos y sonríe. La única diferencia: tenía todos los dientes.

Estas son las cosas que suceden cuando la pureza aún nos reina, y no este circo de virtualidades que nos consume cada día.

10 pensamientos en “Eramos Tan Magos

  1. Y de repente me quedé solo, en la galeria de la casa quinta. De a poco todos se habian ido. Se metian en el baño, q no superaba el metro y medio cuadrado. Para ser mas precisos vos los llevabas de a poco. Cuando entré estabas de espalda, habia algo que no me gustaba en el ambiente. Me parecía que todos estaban ahi por algun conjuro que les habias hecho.Te lo pregunté. Tu cabeza giró y tu cara estaba poseida. Tu respuesta fue sí. Salí corriendo despues de gritar.

    Tengo tambien en la memoria a Ale, en algunas de esas noches, diciendome que esos eran nuestros dias. En su momento no entendí.

    Abrazo

    • Lo de la magia que queda… lo conversaremos con un trago de por medio en nuestro mágico encuentro el día en que suceda.

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