Apostillas a “Verano del ’97: de porqué La Chilinga viaja todos los veranos a Villa Gesell”

Hay que ampliar, porque los recuerdos fluyen y vuelven.

Porque mientras se me iban llenando los bolsillos de almejas, se repetía la frase (casi por cada almeja) de Lau: “Hoy hablo con Manuel”. Manuel, el responsable. El dueño del balneario, el hombre que después de varias promesas incumplidas una noche vino a casa a ser sermoneado por todos, reclamándole, recriminándole, exigiéndole, aunque toda autoridad de nuestra parte fue descartada cuando en medio de la charla alguien se tiró un sonoro pedito.

Porque mientras Raulo, independientemente de cuánto hubiera tomado, decía: “Yo tomé dos latas nada más” (nunca hubiese sido posible, durante unos días teníamos canilla libre en “El Alma” de Pinamar) y le contestaba a la policía cosas como “Qué te pasa A VOS”, los perros hacían literalmente orgías en la casa. Mamushka, la perra de la hija del dueño del balneario (sí, ella perra también); Malinche, una pobre perra abusada y violada por cuanto perro se le cruzase, y otros perros callejeros  se refregaban en nuestras narices, pobres de nosotros, que apenas si podíamos dormir en una casa que tenía agua sólo unas horas por día (“Hay agua?” era una pregunta MUY oida diariamente), y cuyos colchones marca “éxtasis” servían para dar éxtasis sólo a las pulgas de los perros y piojos de los humanos.

“Prohibido el paso al morro sin caña” pasó a ser una frase mítica y mística, a la cual le dimos varios usos y significados.

El Ruso ofrecía sopas, segundo plato único luego de los restos de paella, y en su Citroen mágico viajábamos 3 personas y 15 tambores (real).

En fin, Gaspar siempre tuvo razón. El siempre supo, desde un principio, que nos iban a cagar.

 

PD: se aceptan recuerdos para seguir ampliando.

3 pensamientos en “Apostillas a “Verano del ’97: de porqué La Chilinga viaja todos los veranos a Villa Gesell”

  1. Que notable regalo nos haces con tus recuerdos querido cronopol, memorias tan proximas al espejo en el que todos nos miramos cada ciertas estaciones, mientras sigues fabricando, me sigo reflejando, gratitud.

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