Lo que NUNCA se olvida
Abril 27, 2008
Esos primeros horrores de niño que nunca se olvidan.
Yo tendría 3 ó 4 años, pero me lo acuerdo perfectamente.
Mi bisabuela nunca me había caido bien: para mi siempre era una vieja falsa, desdentada, maloliente. No la quería ni un poco.
Un día viene de visita con mi abuela a mi casa y cuando entran la veo sonreir: se había puesto dentadura postiza completa pero su sonrisa era terrorífica. Los dientes la hacían protagonista perfecta de una película de terror. Dice mi viejo que aún hoy escucha el grito pavoroso que a decir verdad yo tampoco lo olvido y se debe haber escuchado por todo el edificio.
A mis 6 años viajábamos en taxi yendo a visitar a mis tíos y primos que vivían en Adrogué. El taxi chocó contra otro taxi. El impacto me dejó el tabique desviado para el resto de mis días y luego de hacer varios giros (para mi fueron mil) el taxi se detuvo. Nos bajamos. El otro auto había volcado. De entre la rueda y el guardabarros salió una señora ensangrentada.
Tenía no más de 5 añitos. Estábamos en casa de una señora amiga y a mí se me ocurrió para matar el aburrimiento de esos encuentros de grandes ir a recorrer la casa. Me metí en la habitación del hijo de la señora ya que este no estaba.
Veo en un estante una suerte de sarcófago con un esqueleto tapado con una mantita. Sobresalían los pies, la cabeza y por encima de la manta, un brazo. Justo debajo de la manito tenía como un botoncito. Por supuesto que lo aprieto. Y para qué: el brazo se movió hacia adelante y la manito me arañó mi dedo. Era una de esas alcancías en la que ponés la moneda sobre el botón y la mano del esqueleto la agarra y se la lleva a su mundo de oscuridad.
Mi grito, parecido al que dí al ver a la bisabuela con dientes, debe estar atrapado para siempre en esa casa y en el recuerdo de esa señora, si es que aún está viva.
Pero el horror supremo llego muchos años después, cuando recordando esa anécdota mi viejo me dice: “Sabés de quién era esa alcancía? Sabés quién era el hijo de esa señora? El Teto Medina!”
Las flores de Abril
Abril 17, 2008
Cómo andas broder L VIS? Acá pensando lo bien que sería estar festejando allá… Es una buena para un futuro próximo.
Yo sigo expulsando el demonio que se resiste. Se ve que crear un Satán bemol me salió más caro de lo que pensaba…
A veces pienso para que carajos me hice solista, así que en cualquier momento armo una banda (oíste Band of Horses?)
Espero que festejen este primer 17 con buen clima y mejores ánimos, les deseo buena vida y alta risa
(aunque aún no es navidad me avillancico un poco.)
Las fechas en Velez con el tío Rod sirvieron sobre todo para confirmar que el mismo es, efectivamente, EL TÍO ROD, un tío ebrio en una fiesta de 15 con más carisma que el carnaval carioca, con algunas dosis de frescura más allá de la estetica grasa pero con estilo. O sea: un Sandro, un Miguel Bosé. Indiscutiblemente adulador de señoras en celo.
Es cierto que en un momento iba a ser el reemplazante de Mick en los Stones?
La banda incluía ademas de guitarristas perfectos y base por demás aceitada, señora que tocaba pedal steel guitar y mandolina, señora rubia trisaxofonista de pantaloncitos minicortos y piernas de futbolista: su boca soplaba que daba miedo de solo pensarlo; tres coristas de color (negro) estilo cheerleaders con cinturon rosado y una impecabilidad que ni Castaneda. Completaban el combo un percusionista casi imperceptible y un tecladista sensiblemente enojado.
Acá la city ahumada nos prepara para el apocalipsis: no hay nada que hacer, las profecías parecen ser ciertas. Hay allá suficiente altura para estar a salvo?
Respecto a mí lo que sigue es incierto, no sé si should i stay or should i go, pero algo se viene. Eso seguro. My love y un servidor siguen durmiendo en la misma cama: me animo a decir que será por mucho tiempo más de esa manera, aunque la pequeña comienza a dar algunas muestras de inconformismo familiar. Pero bueno. Quién no!
Y tu personal sorceress ha descubierto nuevas fórmulas serranas? Los niños se adaptan al medio sin la salvajez habitual?
María ya está a punto: las flores de otoño serán bizcochitos en muy poco tiempo!
Felicidades y no me digas que este sos vos!!! : CLICK AQUí
See Ya soon!
Pol
Diez libros que jamás leeríamos
Marzo 30, 2008
- Cien años de Soledad Silveyra
- La insoportable levedad del Ser Urbano
- El señor de los Anitos
- La invención de Morel Rodriguez
- De lo espiritual en el orto
- Sobre haras y tambos
- Las enseñanzas de Don Juan Alberto Badía
- Alicia en el país de Ricky Maravilla
- La guerra y la pasta
- El Principuto
Y ya que estamos en el tema invito a usuarios de Flickr a participar de el majestuoso proyecto “Bibliotecas and Bookshelves”.
Mi cárcel
Marzo 23, 2008
Pasé mi vida enarbolando la bandera de mi propia libertad. Nunca quise ir con el cardúmen. Ya desde chiquito quería ser músico, tocar en una banda de rock, convertirme en Rock Star (¿esto sería ir contra el cardumen?), que las chicas me adoren y los chicos me imiten, como si eso significara ser diferente. He quemado corbatas sobre un escenario, queriendo demostrar con pasión adolescente que no hay peor cárcel que la silla contra el escritorio, y hoy me paso horas encadenado a mi PC buscando en el hiperespacio algo que aún no sé que es.
Ya de grande, o sea ahora, si bien no en primera persona, tuve la oportunidad de vivir por un tiempo en ese mundo soñado, donde todo parece tratarse de un plan perfecto, la vida gratis y el futuro asegurado. Tocar para 60000 personas en estadios fuera de mi país (el cuál conocí en su totalidad), quedarme -siempre- con las más lindas, conocer el mundo y sus distintas costumbres y comidas, amanecer despierto en aviones sintiendo que si en ese preciso momento llegara la muerte qué perfecto sería abandonar la existencia en el momento en que nos sentimos en la cumbre de la felicidad. Y por todo eso, además me pagaban. Y bien.
Pero éxtasis y decadencia en mi vida fluctúan, y es así que me encuentro hoy en stand by, disconforme, un tanto perdido, anhelando repetir un ideal, defendiendo salvaje e inconcientemente mi propia cárcel, sabiendo que el laberinto ya es un poco mío y por lo tanto sé que hay una salida, que después de abajo viene arriba y después de arriba volvemos abajo y etcétera.
De vez en cuando, sueño con ser un empresario exitoso, de traje caro y corbata con onda, dileando entre compromisos web en una oficina en un piso 46 con un ventanal que me devuelva la vista perfecta de mi gran ciudad.
Tenía razón
Marzo 13, 2008
Adentro!
Marzo 3, 2008
Mil eternidades en el Café Tacuba
Febrero 26, 2008
Sentí: se diferencian bien de otras bandas. Siempre te dejan algo.
Así lo siento yo, que he visto mucho y los he visto muchas veces.
Como unos Beatles mexicanos, popes del pop, cuasi punks cuando es necesario, voladores, románticos, desprejuiciados. Al menos su música lo es.
Sus letras nos dan algo que tanto está en falta en la música del mundo en general: simpleza y profundidad (y ambas de la mano!)
Pueden describirnos cómo es quedar atrapado cuatro meses en el subte o una vista a la plaza desde la ventana de un departamento un sábado al mediodía.
Al menos dos de las mejores canciones de amor latinas les pertenecen:
Eres cuando despierto lo primero, eso eres,
lo que a mi vida le hace falta si no vienes,
lo único, preciosa, que mi mente habita hoy.
Qué mas puedo decirte, tal vez puedo mentirte sin razón,
pero lo que hoy siento es que sin ti estoy muerto,
pues eres lo que mas quiero en este mundo, eso eres.
(”Eres”)
No me hubieras dejado esa noche
porque esa misma noche encontré un amor.
Mas ahora que recuerdas
a mis brazos vuelve ya
seré por siempre tu amante
tu novia: la soledad.
(”Esa noche”)
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Transmiten profundo: con sus letras y su música, su actitud y escena. Estamos carentes de sutilezas y purismo, de autenticidad y corazón pero ellos nos devuelven todo eso y mucho más:
Antes yo creía,
En el imperio de la cabeza
No era yo era la cabeza
Quien dictaba esa razón
No hay razón de obedecer
Si ni siquiera estoy en el cuerpo
Que responde al nombre
Que otra mente inventó.
(”Soy o estoy”)
Así estoy mejor
ese sin renombre
solo soy este hombre
que espera a que
empiece la función para ser….
Alguien mas que yo
sin nada que perder
un día lo perdí todo y lo recuperé
y podría volver a hacerlo
una y otra vez
con tal de seguir siendo…
(”Seguir siendo”)
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Como un enteógeno omnipresente, estos muchachos en el escenario (y sueño con que en la vida diaria también) derriban la muralla pedorra del ego, subliman la sencillez candente de estar ahí haciendo música por el sino que les ha tocado, sin manierismos, sin afectaciones en donde hasta lo extravagante resulta natural.
Cuando no deseo nada, tengo todo.
Cuando no deseo nada, tengo más.
Lo mío no es mío si sólo es mío,
lo mío no es mío si sólo es mío.
Si busco en el todo, encuentro el sino…
Liberar y disolver mi yo en el vacío…
(”Tengo todo”)
¿Cuántas cosas más puedo guardar?
¿Cuántas cosas puedo atesorar?
Dulce tentación de dejarlo todo
¿Cuánto espacio más quiero ocupar?
(hasta los recuerdos ya no caben en este lugar)
¿Cuántas cosas me puedo llevar?
(La última mudanza debe ser la más ligera)
dulce tentación de dejarlo todo
dulce tentación…. regalarlo todo.
(”Volver a comenzar”)
¿Quiénes otros podrían invitar al escenario a bailar a las chicas (y que éste se inunde de féminas) sin hacer un despliegue de machismo y baba, esa cosa tan argenta?
Su avalancha de éxitos no descansa: podemos oir mil veces Ingrata, Las flores, El baile y el salón, Ojalá que llueva café, Cómo te extraño (querés hits? Tomá hits!) y en cada tocada seguir disfrutándolos como si fuera la primera vez, porque ellos TRANSMITEN y no REPITEN.
“¿Cuál será la fórmula?” (¿La habrá?) quiere uno saber a veces. “¿Cómo se gesta esa magia natural?”
Quizás la mejor respuesta sea la descripción que ellos mismos hacen con absoluta franqueza y simplicidad:
Desde un remoto lugar
desde otra generación
Una forma de pensar
fuimos tan solo una opción
Mucha inocencia
Un poco de paciencia
Eterno prueba y error.
(”Y es que”)
Para la eternidad que venga después de esta vida, como banda sonora me gustaría volver a oir de vez en cuando ese arrullo que dice:
De pronto me encontré viajando a gran velocidad
la atmósfera crucé, y dejé de sentir la gravedad
en instantes me perdí entre tanto astro fugáz.
Entonces comencé a estallar
todo mi cuerpo era una explosión
luces y carbones brotaban de mí.
Por un momento me olvide de mí
y por un largo rato sentí calor
y todo se iluminó…
Y estaba acostado mirando el espacio exterior
y estaba pensando en lo diminuto que era yo…
(”Espacio”)
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Las ilustraciones pertenecen a:
portada CAFE TACUBA by benyhibridos
http://benyhibridos.deviantart.com/gallery/
Sino by *LaXoch
http://laxoch.deviantart.com/gallery/
Los Cafeta en 4 Caminos by ~Stockerk
http://stockerk.deviantart.com/gallery/
Tres de oro
Febrero 15, 2008
Barras de colores
Febrero 11, 2008
Fué una frase tirada en medio del delirio vacacional, una de esas noches de borracheras, o drogas blandas, o algún sinsentido existencial, o algo de todo eso o todo eso junto.
“No, nada, barras de colores”
Estábamos de gira por Villa Gesell con La Chilinga, cuando La Chilinga éramos 30 desencajados y no aún una escuela de percusión.
Caminábamos por la avenida costanera y se me ocurrió contar alguna cosa vacía de contenido, pero como si ésta fuera fundamental para la vida misma.
Y entonces dije:
“La otra noche estaba haciendo zapping y de pronto en el canal 5 había barras de colores”.
Alguno se rió, otro se hizo el sorprendido, alguna preguntó:
“¿Pero que era?”
Yo: ¡Barras de colores!
Alguna: ¿Pero había sonido?
Yo: ¡No!¡Barras de colores!
Alguna: ¿Pero no se oía nada, sólo eso se veía, o era la señal de ajuste?
Yo: ¡No!¡Barras de colores!
Todos: ¡Pero algo más tenía que haber!
Yo: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Silencio.
Eso tenía ritmo.
Yo: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Ellos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Yo: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Ellos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Todos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
(”Barras de colores” debe pronunciarse con la misma cadencia rítmico-musical de “Dánica dorada”)
Todos: ¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!
Fué un mantra. Un bálsamo para mi malestar general. Dirigir a 20 energúmenos colgados con sus tambores colgados durante 15 días no me resultaba cosa fácil.
“¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!” se convirtió en rezo y muletilla.
Comenzamos a usarlo en medio de los toques. A la cuenta de cuatro los tambores hacían un silencio de cuatro tiempos y todos vociferaban: “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!” como un exorcismo, como un vómito apasionado que simbolizaba la esquizofrenia colectiva que día a día nos dominaba y encantaba.
La imagen era bonita: La nada. Y barras de colores.
Recuerdo de a 10, 15, 20, 5 caminando por la playa, las calles, los bares y boliches gritando exaltados: “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!”
En el tumulto de la casa (éramos entre 15 y 20 en una casa, gran hermano en el que todos fuimos ganadores) “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!” se mezclaba con el diario suicidio de las actividades rutinarias: no había horas precisas, había algunas reglas pero la gracia era no obedecerlas, no había sentido mayor que el de sentirse huérfano de prejuicios y dios de cada momento.
El problema era que éramos 20 dioses de cada momento.
Un panteón de animales amaestrados haciendo orgías en la veterinaria. Un zoológico de Cutini con Cutini atado adentro de una jaula.
“¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!”
El tiempo pasó y la frase perdió sentido, así como pierden sentido aquellas cosas que tienen la fuerza de mil tractores hasta que los tractores funden biela (no sé si un tractor tiene biela, ni siquiera estoy seguro de qué cosa es una biela, pero la imágen se entiende).
El tiempo también hace esas cosas.
Muy de vez en cuando, alguno de nosotros en algún encuentro, alguna fiesta, alguna reunión, con picardía cómplice lanza un “¡No! ¡Nada! ¡Barras de colores!”.
Por suerte siempre hay alguno que recuerda y sonríe.
Escalera al suelo.
Enero 22, 2008
Derrotado por mi propia caída, aberrante traspié que en patineta se desliza imperturbable por la capa aceitosa sin fín de mi desvarío có(s)mico.
Vuelvo a pegar la vuelta de vuelta devuelta y aparatoso migajerío sucede sin ton ni son ni son ni ton.
Subo debajo de la subsuela aérea y a la fuerza me desvelo para cerrarle los ojos a los pocos bríos desastrados que me dejan de a poquito.
Arriba gritan abajo.





















